Un compañero me mando por mail el siguiente comentario: "Resulta que antes repudiábamos la deuda externa por fraudulenta e impagable y apoyábamos a Olmos y su investigación y resulta que ahora por el avance de la derecha nos vemos envueltos en una defensa de los fondos para para pagar la deuda".
Hay algo que debe quedar muy en claro. No se está discutiendo si se paga o no la deuda. Eso es lo que en el mejor de los casos creen los Pino Solanas y otros ilusos. Macri, Cobos, De Narváez, Carrió, Duhalde, para citar sólo al sector mayoritario de la oposición, no se oponen al pago de la deuda. Lo que se discute es si el gobierno nacional puede hacerlo con las reservas del Banco Central, las cuales para la derecha subordinada al pensamiento neoliberal sólo están para resguardar el valor de la moneda. Pero la defensa de la autonomía del Banco Central, tan cara al capital financiero, en realidad esconde la intención de poner palos en la rueda, es decir, de impedirle gobernar a un Ejecutivo, que con todas sus limitaciones y las dificultades surgidas de una crisis económica a escala mundial, ha logrado capear el temporal y perfilarse hacia un 2010 que en todos los análisis aparece como un año en el que la economía va crecer sostenidamente. Este dato de la realidad es el que desvela a la oposición y al capital concentrado al cual ésta se subordina. Hacen un sencillo razonamiento, si el gobierno fue capaz de sobreponerse a derrotas como la sufrida frente al campo y luego en las urnas el año pasado, con "viento a favor", simplemente, "a la tortuga no la agarramos más". A no confundirse compañeros no se está discutiendo si pagar o no la deuda. Eso es lo que los medios le dejan creer a Pino Solanas mientras lo utilizan para socavar con argumentos de izquierda al gobierno y preparar el retorno de la derecha, esa que no tiene pudor en pedir una amnistía para los genocidas. La discusión sobre el pago o no de la deuda es una discusión legítima y necesaria que justamente la oposición nunca la impulsó en el Congreso. Que se sepa jamás se opusieron a que el gobierno pague la deuda como lo viene haciendo. Por eso se equivocan Pino y compañía y no debemos equivocarnos nosotros. No se discute sobre el pago de la deuda, ni siquiera sobre la autonomía del Banco Central. Se discute sobre si Cristina Kirchner puede o no gobernar. Se trata de una clara jugada destituyente. Ayer Cobos, hoy Redrado.
